Qué feliz el
reencuentro
qué dulce tu mirada
qué placidez las
horas en calma
qué dicha la de estar
juntos
qué quietud en la
mañana
qué suavidad en el
aire
qué alegría en las
caras
qué seguridad en los
pasos
cuánta estabilidad en
el alma.
Qué feliz el
reencuentro
qué dulce tu mirada
qué placidez las
horas en calma
qué dicha la de estar
juntos
qué quietud en la
mañana
qué suavidad en el
aire
qué alegría en las
caras
qué seguridad en los
pasos
cuánta estabilidad en
el alma.
La vida se asoma tímida, impetuosa
surgen tiernos brotes de las ramas
ayer ateridas de frío, hoy desafiantes
se abren en abanico hacia el sol.
La vida renace como un caudal
que atropella pesares y cambia
con su embestida floral, el paisaje
y el alma se alborota y ríe como un niño.
Que no merece la pena
enfadarse por nada
que esto son sólo dos días
y luego todo se acaba.
Basta ya de tonterías
céntrate en lo que es
bueno
olvídate de lo que
enturbia
la luminosidad del
cielo.
Despeja el camino
y no tropieces
dos veces
en la misma piedra.
Que aunque errar
sea de humanos
se aprende
con la experiencia.
Olvídate de lo que
enturbia
la claridad de tu
cielo
céntrate en lo que te
aporta
amistad, cariño y
consuelo.
Lo demás son
dispersiones
desbarres y tonterías
cuídate de los que
mienten
y aléjalos de tu
vida.
Detrás del ventanal el parque
amortigua silencios. Vibra pudoroso el bosque entretejiendo suspiros. El padre
vela a su hijo. Boga el tiempo en el agua del olvido acortando los secretos y
el chiquillo roza el futuro con la punta de los dedos.
su desliz de rabia y de lamento
en la aurora
las madres lloran sus desvelos
un crujir de antorchas
alumbra los rincones de los miedos.
La
luna acecha alcobas
en los párpados del sueño
y el alma gentil del niño
navega por sus deseos.
Para mi hermano Miguel Ángel, fuerza y valor, ejemplo y guía, maestro permanente de vida.
por lo que tú no puedes
por lo que no te dejan
por lo que te roban
de este corto paso sobre la tierra.
Tengo que reír con tu boca
despertar las esperanzas rotas
descerrajar la caja de los truenos
tengo que soñar tus sueños
y bailar en la mañana
húmeda de rocío.
Tengo que aguantar el embate
que te arrastra en torbellinos
montar en la espuma del viento
y arrastrar conmigo tu memoria.
Remontar el vuelo cogida de tu mano
allá donde el amor nos pertenece
cruzar la puerta del olvido
y amarrar el caos de tu cintura.
Tengo que vivir por ti
aunque el corazón me duela
y la esperanza me pese.
Tengo que vaciar el alma
y en el hueco que me quede
abrigar tu luz.
Te quiero. Siempre.